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5 marzo, 2011 / esdaiposgrados

“PERSONA QUE ES CURIOSA, TIENE REFRÁN PARA CADA COSA” LOS REFRANES DEL SERVICIO Y DEL ARTE CULINARIO

Nieves Rodríguez Valle

En este artículo presentamos una muestra de refranes que

reflejan cómo valores como el buen servicio y la cortesía

están arraigados en nuestra cultura. Así, los refranes dan

cuenta de valores fundamentales, de la variedad y riqueza

de nuestros productos y platillos, de nuestra manera

de realizar las cosas, de nuestro rechazo a prácticas no

hospitalarias y de lo que aportamos con orgullo a otras

culturas.
Como sabemos, la hospitalidad está arraigada vigorosamente

en la cultura mexicana; una prueba de ello

la encontramos en el hecho de que esté presente en el lenguaje

y, dentro de él, se exprese con abundancia en las manifestaciones

orales tradicionales como los refranes y los dichos.

Los refranes describen o sentencian conductas y en

ellos encontramos valores culturales como el servicio y la

dedicación, así como una fuerte censura hacia quien no es

hospitalario o no es agradecido por lo que se le ofrece. De

igual modo, se valora la riqueza de nuestros productos y de

nuestro arte culinario que puebla el refranero mexicano.

La naturaleza humana se distingue de las demás naturalezas,

entre otras cosas, por el lenguaje, y, a través de éste,

se han encontrado estructuras que permiten interpretar

el mundo natural y social, así como transmitir valores

culturales de generación en generación. Los refranes son

textos orales más o menos fijados por su forma y contenido

temático, que pertenecen a una comunidad lingüística.

Sin importar quién sea su autor real, son del pueblo y pertenecen

al pueblo, pues éste los hace suyos, los asimila y

los transmite de boca en boca (Cantera, 1996: 26). Estos

textos orales tienen ciertas características comunes: son

breves gracias a la condensación que se logra a partir de

tropos retóricos y a la supresión de artículos e incluso, a

veces, de verbos, debido a que la imagen que conforman

las palabras es suficiente para evocar todo un contenido;

expresan un juicio (una sentencia), comentan o describen

una conducta humana a través de una metáfora; por lo

general, su estructura es bimembre, en la cual una parte

expone y otra concluye: “de tal palo, tal astilla” (cinco palabras,

un universo). Debido a que tienen la tarea de permanecer

en la memoria colectiva y así atravesar el tiempo,

suelen apoyarse en elementos mnemotécnicos, como el

ritmo, la rima o fuertes conexiones semánticas. Son frases

completas que sobre el significado literal o directo tienen

un sentido simbólico que les permite el traslado metafórico

a otras situaciones; además, los refranes no funcionan

como elementos aislados sino que dependen del contexto

en que se insertan.

A estos textos orales hoy genéricamente se les llama

paremias. ‘Paremia’ es la denominación griega, que deriva

de par (junto a) y oimos (camino), significando: ‘dicho

situado junto al camino’; porque los griegos escribían en

los caminos transitados lo que consideraban era de utilidad

común; y significa también: ‘palabras o consejos que

se dirigen a los compañeros de camino’ y, por extensión:

‘palabras útiles a lo largo de todo el camino de la vida’

(García Romero, 1999: 221-222).

‘Refrán’ es una palabra que llegó al español del francés

refranh’: ‘estribillo’, que se documentó, con el sentido

actual, por primera vez por escrito a principios del siglo

XIV, en La gran conquista de Ultramar; y que convivió

durante un tiempo con otras denominaciones: proverbio,

fabla, fablilla, palabra, patraña, conseja y retraer, entre

otras.

En el mundo náhuatl existían los llamados Machiotlahtolli,

vocablo que se compone de machíotl ‘el modelo’ y

tlahtolli ‘la palabra’, ‘la expresión’, ‘el texto’ o ‘el discurso’.

Las paremias adquieren matices según las características

propias de cada lengua, así, por el carácter sonoro y

pictórico del náhuatl, en los Machiotlahtolli predomina la

imagen; éstos sugieren más que afirman y son enigmáticos.

Este género como tal no ha influido en nuestra tradición

oral en su forma, como sí lo hicieron los refranes

españoles; sin embargo, podemos encontrar, en algunos,

concepciones en las que el consuelo a una tribulación se

puede lograr a partir de la atención a las necesidades. Por

ejemplo, el siguiente: In amoiaoalli, in tamatzoalli: ‘El

agua agitada, la tortilla doblada’, cuya explicación, traducida

del náhuatl es: “Este refrán se dice del que se aflige,

ya sea un rey o un noble. Le decían: ‘No te aflijas, deja el

agua agitada, la tortilla doblada. Tómala un poco, cógela,

no la dejes. Tu aflicción se volverá una enfermedad grave’”.

Sahagún interpreta que esto se le dice a quien por

alguna tristeza no come ni bebe, ni duerme ni se quiere

alegrar, a éste consolándole sus amigos le dicen que no

deje la comida ni la bebida para que no caiga en una enfermedad

que no tenga remedio (Johansson, 2004: 41).1

En nuestra cultura son notorios los refranes españoles

que desembarcaron en las costas veracruzanas junto

con el lenguaje en el siglo XVI, y que, como la lengua,

siguieron su propio camino y evolución en tierras americanas.

Algunos se adoptaron textualmente como “De

tal palo, tal astilla”; otros se adaptaron, es decir, tomaron

palabras e imágenes para expresar sus contenidos de una

manera más cercana a la gente: “De tal jarro, tal tepalcate”

(Pérez, 2004: 258), y otros más se crearon a partir de

imágenes propias: refranes configurados gracias a ciertos

elementos o quehaceres mexicanos, como la explotación

del maguey: “A acocote nuevo, tlachiquero viejo” (Pérez,

2004: 28); la receta del mole: “Si de prisa haces el

mole, ¿qué dejas pa’ hacer despacio?” (Pérez, 2004: 305);

nuestra flora y fauna: “Al nopal lo van a ver sólo cuando

tiene tunas” (Pérez, 2004: 328), “Los guajolotes se conocen

hasta en pipián” (Pérez, 2004: 228), que propician el

traslado metafórico a las conductas humanas. Estos tres

grupos de refranes, los adoptados, los adaptados y los

creados conforman el refranero mexicano pues están en

uso en México; es decir, sin importar su origen, se consideran

mexicanos todos aquéllos que se usan en nuestro

argumentar cotidiano.

Los refranes son considerados “del pueblo, pues la

comunidad es la que les otorga el valor de verdades sobre

las cuales argumentar” (Pérez, 2004: 13); sin embargo,

aunque el anonimato forma parte de su naturaleza,

aquellos refranes que pueden denominarse “primarios”

requieren de un individuo que tome la observación y la

experiencia consensual de un hecho material o moral de la

comunidad y le dé forma. El resto de la sociedad concentra

en esta fórmula “literaria” el contenido de su intuición

y la adopta como propia, borrando el sello de su autor

y dándole carácter impersonal (De Jaime, 1995: 118). La

frase va pasando del entorno familiar a personas externas,

que la agregan a su repertorio, y así va circulando

por distintos pueblos. En este camino rumbo a la difusión

generalizada es donde el texto puede sufrir algunos

cambios estilísticos, “lo cual explica por qué a menudo

encontramos cierto número de variantes de determinado

proverbio” (Mieder, 1994: 24). Lo que los refranes juzgan

suele mantenerse en la comunidad que los acepta y

los transmite como valores de veracidad incuestionable e

infalible. Sin importar lo que expresen, los refranes tienen

el peso de “verdades” sobre las cuales argumentar. Cada

refrán se enuncia como una “verdad” como la expresión

de la interpretación compartida de una realidad.

Entre los valores culturales validados por una comunidad

y que se transmiten de generación en generación

mediante los refranes se encuentran el servicio, la cortesía,

el agradecimiento, la riqueza de nuestros productos

y el arte culinario. Utilizaremos para esta muestra

de refranes de la hospitalidad como fuentes principales

el Diccionario de refranes y frases proverbiales de Gonzalo

Correas, manuscrito de 1627, publicado en el 2000,

para observar la antigüedad de algunos refranes, y los dos

más importantes refraneros mexicanos contemporáneos,

compilados por Herón Pérez Martínez: Los refranes del

hablar mexicano en el siglo XX (2002) y Refranero mexicano

(2004).

EL SERVICIO Y LA CORTESÍA

Comenzamos por los refranes que hacen referencia directamente

al servicio y a la cortesía como valores fundamentales

en todo ser humano. El servir es considerado, en

el refranero, desde tiempos remotos, como una virtud:

1- Dar es señorío, recibir es servidumbre (Correas, [1627]

2000: 218).

122

2- No hay tal hechizo como el buen servicio (Correas,

[1627] 2000: 577).

3- Manda y hazlo, y quitarte has de cuidado. Manda y

descuida, no se hará cosa ninguna. Mandá y hacé, y

seréis bien servido. Manda y haz, que habrás asaz y no

te perderás (Correas, [1627] 2000: 488).

4- Si quieres ser bien servido, sírvete a ti mismo; o tú mismo

(Correas, [1627] 2000: 744).

5- Rodaré en su servicio.

Por: Andaré a todo servicio, y diligente, de buena gana

(Correas, [1627] 2000: 1063).

6- Ruin señor cría ruin servidor (Correas, [1627] 2000:

715).

7- Cortesía de boca, mucho vale y poco cuesta (Pérez,

2002: 122).

Para que el servicio pueda realizarse correctamente,

en el refranero mexicano existen algunos buenos consejos,

como los siguientes:

8- Un alimento novedoso estimula el buen apetito (Pérez,

2004: 39).

9- También el azúcar puede descomponer un postre (Pérez,

2004: 62).

10- A nadie le amarga el dulce, aunque tenga otro en la

boca (Pérez, 2002: 66).

11- A todo aquel hambriento que por aquí pasa, se le ofrece

petate, comida y casa (Pérez, 2002: 68).

12- A tu amigo pélale el higo y a tu enemigo el durazno

(Pérez, 2002: 68).

123

13- A invitación de paso, ni quien le haga caso (Pérez,

2002: 62).

14- Si no le pusiste chile, no pretendas que te sepa (Pérez,

2004: 132).

15- Quien se acostumbra a lo bueno, desprecia lo regular

(Pérez, 2004: 76).

16- Cuando el arroz no está bien cocinado, es porque no

se ha distribuido bien el vapor (Pérez, 2004: 58).

17- A olla que hierve ninguna mosca se atreve (Pérez,

2002: 66).

18- Anda que ya se le quema la cazuela (Pérez, 2002:

87).

19- Cada ollero alaba su olla, y más si la trae quebrada

(Pérez, 2002: 102).

20- Cuchillito de palo, no corta, pero incomoda (Pérez,

2002: 131).

Todos ellos, además de poderse entender de manera

literal, suelen ir más allá, trasladando metafóricamente su

significado hacia otras conductas o situaciones humanas.

Esta literalidad tiene su punto de partida en imágenes

provenientes de los quehaceres culinarios, del espacio de

la cocina y el servicio, y así muestran que este ámbito es

tradicionalmente un ámbito conocido, valorado y contundente

para que a través de él, sin lugar a dudas, se pueda

sostener un juicio lo suficientemente sólido, sin que se

pueda poner en duda su veracidad.

21- No hay caldo que no se enfríe (Pérez, 2004: 108).

22- Ni chocolate recalentado, ni amistad reconciliada

(Pérez, 2004: 134).

Refrán popular que forma parte de una tradición que

expresa los inconvenientes de las reconciliaciones entre

amigos. El refrán no las recomienda. Las compara

a bebidas que sólo son sabrosas si se las toma recién

hechas.

23- Como plato de fonda, bocabajo y bien fregado (Pérez,

2002: 115).

También, el refranero mexicano resalta la importancia

de la actitud en el servicio, del entorno que debe de

rodear a la alimentación, debido a que, en la tradición, se

aprecia mucho la paz y el bienestar que debe rodear a una

comida, pues: “Lo comido y lo gozado, es lo único aprovechado”

(Pérez, 2004: 150)

24- Más vale atole con risas que chocolate con lágrimas

(Pérez, 2004: 60).

25- Más vale una comida en paz que dos entre disputas

(Pérez, 2004: 150).

Los consejos para quien se dedica a servir están, así

mismo, presentes:

26- Miserable cosa es que piense ser cocinero quien nunca

aprendió a lavar los trastes (Pérez, 2004: 157).

27- Cualquier fonda es restaurante, si tiene los platos limpios

(Pérez, 2002: 123).

28- Más quiere la mesa que mantel blanco y servilleta

(Correas, [1627] 2000: 498).

29- La comida caliente y la bebida fría. Caliente la comida,

fría la bebida (Correas, [1627] 2000: 415).

30- A gran huésped, gran plato (Correas, [1627] 2000:

14).

31- Ni fiesta sin comida, ni sin oro gala cumplida (Correas,

[1627] 2000: 550).

LA INGRATITUD Y LAS EXIGENCIAS

Por su parte, el refranero también se ocupa de sancionar

las conductas negativas, aquellas que reflejan tanto ingratitud

como exigencias excesivas:

32- Comida acabada, compañía deshecha (Pérez, 2002:

108).

33- A mí se me guisa aparte, y en perol nuevo (Pérez,

2002: 66).

34- Bocadito, en ollita, y véngamelo usted a dar (Pérez,

2002: 96).

35- Convidado y con ollita (Pérez, 2002: 122).

36- A la gorra ni quien le corra (Pérez, 2002: 62).

37- Como llevar tortas a un banquete (Pérez, 2002:

115).

126

38- A quien no piensa pagar la cuenta, lo mismo da ocho

que ochenta (Pérez, 2002: 67).

 

 

CONSEJOS DEL BUEN VIVIR

La comida y la bebida forman parte inseparable del buen

vivir, tanto por ser elementos necesarios para la vida sana,

como por el placer que en ellos se pueden encontrar para

gozar de la vida; los refranes apuntan tanto las cantidades

como los horarios más convenientes y las acciones que le

deben seguir a la alimentación:

39- Almuerza bien, come más, cena poco y vivirás (Pérez,

2002: 84).

40- Come poco y cena temprano, si quieres llegar a anciano

(Pérez, 2002: 108).

41- Come poco y cena más, duerme en alto y vivirás (Pérez,

2002: 108).

42- Come queso, bebe vino, de viejo estarás como niño

(Pérez, 2002: 108).

43- Comer sin apetito, hace daño y es delito (Pérez, 2002:

108).

44- Come para vivir y no vivas para comer (Pérez, 2002:

108).

45- La comida reposada, y la cena paseada (Correas,

[1627] 2000: 415-416).

127

No porque sea necesario pasear la cena, sino porque

haya tiempo de ella hasta el dormir; que no es sano

acostarse en cenando.

46- Beber y comer, despacio ha de ser (Pérez, 2002: 95).

47- Buena es el agua, que cuesta poco y nunca embriaga

(Pérez, 2002: 97).

48- Con pan y vino, bien se anda el camino (Pérez, 2002:

119).

 

 

LA COCINA Y LA COCINERA

Si para el buen vivir la alimentación es tan importante,

tanto la cocina como la cocinera ocupan un lugar preponderante

en nuestra cultura, y así lo expresan los refranes.

El espacio de “tras el fuego”, la cocina, ha sido,

tradicionalmente, un espacio de transmisión de cultura.

El refranero da cuenta de algunos consejos surgidos en y

para las cocinas:

49- Cada día gallina, amarga la cocina (Correas, [1627]

2000: 145; Pérez, 2002: 101).

50- Dos veces cocina, amarga el caldo (Correas, [1627]

2000: 244).

51- El fuego ayuda al cocinero (Correas, [1627] 2000:

269).

52- Fuego hace cocina, que no moza ardida. Fuego guisa

olla, que no moza orgullosa (Correas, [1627] 2000:

360).

53- Cántaro roto, el remedio es comprar otro (Pérez,

2002: 105).

54- Carne y hueso, que todo cuesta dinero (Pérez, 2002:

106).

55- Cuando compres pan y vino, sea en casa de tu enemigo

(Pérez, 2002: 124).

56- Cuesta más el caldo que las albóndigas (Pérez, 2002:

131).

57- Chocolate que no tiñe, claro está porque está claro

(Pérez, 2002: 133).

58- Sólo la cuchara sabe lo que hay dentro de la olla (Pérez,

2004: 165).

59- No tiene el rey tal vida como el pícaro en la cocina; o

como el pícaro de cocina (Correas, [1627] 2000: 593).

Por su parte, la cocinera ocupa un lugar importante

en el refranero mexicano, se le alaba, se le respeta, se le

critica, funciona como la metáfora de quien es experto en

algún oficio; así como también se estipula que debe ser

sólo una persona quien lleve el liderazgo en una cocina:

60- Peléate con todos, menos con la cocinera (Pérez,

2004: 142).

Dicho popular que aconseja no ponerse mal con la cocinera,

que es la que da de comer.

61- Cuando la cocinera es mala, le echa la culpa al mole (Pérez,

2004: 142).

Censura la excusa.

62- La mujer que no sabe cocinar y la gata que no sabe

cazar, nada vale (Correas, [1627] 2000: 434).

63- A la mejor cocinera se le queman los frijoles (Pérez,

2004: 141).

Refrán de índole tradicional en la cultura hispánica

que forma parte de los refranes de excepción que a

través de un ejemplo colmo suscriben el tópico de que

hasta el mejor se equivoca alguna vez […]. El hecho de

que una cocinera experta cometa un error, garrafal en

su oficio, de dejar quemar los frijoles parecería excusar

los errores eventuales de alguien habitualmente competente

(Pérez, 2004: 141).

64- A la mejor cocinera se le va un garbanzo entero. A

la mejor cocinera se le va una papa entera. A la mejor

cocinera se le va un tomate entero (Pérez, 2004: 141).

65- Entre dos cocineras sale aguado el mole (Pérez, 2004: 142).

Refrán que significa que cuando las responsabilidades

se diluyen entre varios las cosas no salen bien. El refranero

se vale aquí del mole cuya receta requiere cantidades

exactas. El refrán parece haber tenido origen

en el universo restaurantero o culinario.

66- Demasiados cocineros echan a perder el caldo (Pérez,

2004: 142).

67- Cuando hay muchas manos en la cazuela, el guiso se

amuela (Pérez, 2002: 127).

 

RECETAS

Si bien la creencia tradicional afirma que “A buen hambre,

no hay mal pan” (Pérez, 2002: 58), “A buena hambre no

hay pan malo” (Pérez, 2002: 58), “A falta de pan, buenas

son cemitas” (Pérez, 2002: 61) o “¿A quién le dan pan que

llore?” (Pérez, 2002: 67), el arte culinario mexicano tiene

una alta valoración y así, se dan consejos articulados en

forma de refranes:

68- A huevo sabe el rompope, y a huevo sabe el pan fino

(Pérez, 2002: 62).

69- A la hora de freír frijoles, manteca es lo que hace falta

(Pérez, 2002: 62).

70- A todo le está el tomate, menos al chocolate (Pérez,

2002: 68).

71- A ver si ora no pica el chile, por tener mucho tomate

(Pérez, 2002: 69).

72- Al hablar como al guisar, poner el granito de sal (Pérez,

2002: 76).

73- Arroz que no se menea, se quema (Pérez, 2002: 91).

74- Bueno es culantro, pero no tanto (Pérez, 2002: 97).

75- La vieja gallina hace gorda la cocina (Correas, [1627]

2000: 449).

ALIMENTOS UNIVERSALES

Y MEXICANOS

A continuación presentamos una muestra de cómo los

productos alimenticios en general y, en particular, los

propiamente mexicanos han entrado a formar parte del

léxico de nuestros refranes para significar conductas humanas:

Entre los alimentos universales encontramos los siguientes:

76- Anda más fresco que una lechuga (Pérez, 2002:

86).

77- Aquí estoy, como los higos: criando leche p’a los amigos

(Pérez, 2002: 89).

78- Arroz, pez y pepino nacen en agua, mueren en vino

(Pérez, 2002: 91).

79- Azúcar y canela, hacen la vida buena (Pérez, 2002:

94).

80- Cada quien se busca su cebollita para llorar (Pérez,

2002: 103).

81- Camarón que se duerme despierta en un coctel. Camarón

que se duerme, se lo lleva la corriente (Pérez,

2002: 105).

82- Cambio cosas valiosas y viejas, por un plato de lentejas

(Pérez, 2002: 105).

132

83- Como la pimienta: chiquita pero picosa (Pérez, 2002:

113).

84- Como perita en dulce (Pérez, 2002: 115).

85- Cuando se tiene leche, ¿por qué preocuparse por café?

(Pérez, 2002: 129).

86- Comerse el huevo antes de ponerlo la gallina (Pérez,

2002: 108).

87- Con afán se gana el pan (Pérez, 2002: 117).

Finalmente, con los alimentos y los platillos propiamente

mexicanos cerramos este artículo, descubriendo la

riqueza de los mismos, así como la riqueza expresiva de

los mexicanos que nos recreamos gozosamente con nuestras

tradiciones:

88- ¡A todo guajolotito se le llega su Nochebuena! (Pérez,

2002: 68).

89- Nadie muere la víspera, sólo los guajolotes (Pérez,

2002: 270).

90- Los guajolotes se conocen hasta en pipián (Pérez,

2002: 248).

91- Cuando el guajolote pierde la cabeza, no más sirve

para mole (Pérez, 2002: 125).

92- Al nopal lo van a ver, sólo cuando tiene tunas; si no,

ni se acuerdan de él (Pérez, 2002: 77).

93- Aquí sólo mis quesadillas tienen epazote (Pérez,

2002: 89).

94- Como el buen chocolate, que no hace asientos (Pérez,

2002: 110).

95- Como el chile piquín: chiquito, pero picoso (Pérez,

2002: 110).

96- Como el frijolito: creciendo y echando vainas (Pérez,

2002: 110).

97- Como los frijoles viejos, que al primer hervor se arrugan

(Pérez, 2002: 114).

98- Comen frijoles y repiten pollo (Pérez, 2002: 108).

99- Cuates los aguacates y no se hablan (Pérez, 2002:

131).

100- Como el pan de Alvarado: con la ganancia por dentro

(Pérez, 2002: 111). Como las semitas de Puebla:

con la ganancia adentro (Pérez, 2002: 113). Como los

cocoles de Atlixco: con la ganancia por dentro (Pérez,

2002: 114).

101- Como el pan de nana Chepa: se le acabó en probaditas

(Pérez, 2002: 111).

102- Como el pozole de Querétaro: de pura trompa.

Como el pozole de Sayula: de pura trompa (Pérez,

2002: 111).

103- Como los coyoles sazonados: de cáscara negra y

alma blanca (Pérez, 2002: 114).

104- Buenos camotes, los queretanos (Pérez, 2002:

98).

105- Cuando Dios dice a comer, del cielo caen chicharrones

(Pérez, 2002: 124).

106- Cuando se acaba el curado, conformarse con el blanco

(Pérez, 2002: 129).

107- A comer aquí, a taquear a su casa (Pérez, 2002:

60).

108- A cualquier taco le llaman cena (Pérez, 2002: 60).

EL MOLE

109- No digas “no comí mole” sin limpiarte los morritos

(Pérez, 2004: 305).

Refrán popular relativo a la manera de comer mole.

110- Si de prisa haces el mole, ¿qué dejarás pa hacer despacio?

(Pérez, 2004: 305).

Refrán popular que asienta que el mole ha de hacerse

despacio.

111- No hay mole si no se muele (Pérez, 2004: 305).

Refrán popular relativo a la receta del mole que, en

forma sentenciosa, expresa otro de los requisitos en la

receta del mole: que se muela.

112- Si pretendes mole, cuida la olla (Pérez, 2004: 306).

Refrán que se usa paremiológicamente para aconsejar

el cuidado de aquellas cosas que se necesitan o que se

quieren disfrutar.

113- Mole sin ajonjolí, ni para ti ni para mí (Pérez, 2004:

305).

Refrán popular relativo a la receta del mole que, en

forma interlocutiva, significa que nadie quiere el mole

que no está hecho con ajonjolí. Se trata, por tanto, de

un refrán construido sobre uno de los ingredientes de

la receta del mole.

 

LOS TAMALES

114- Por las hojas se conoce el tamal que es de manteca

(Pérez, 2004: 240).

Refrán popular de tipo semiótico que expresa que por

las apariencias se conoce a la gente.

115- Más son las hojas que los tamales (Pérez, 2002: 256).

Refrán con el mismo sentido de: “Mucho ruido y pocas

nueces”.

116- El que nace pa tamal, del cielo le caen las hojas (Pérez,

2004: 411).

Refrán popular predestinacionista que significa que el

que nace para algo le vendrán espontáneamente todos

los medios para ello.

117- Como dijo la tamalera: vamos mal pero vendiendo

(Pérez, 2002: 110).

 

EL ATOLE

118- Como dueño de mi atole, lo menearé con un dedo

(Pérez, 2002: 110).

Con lo mío puedo hacer lo que me plazca.

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119- No le muevas al atole, porque salen los asientos (Pérez,

2002: 289).

Refrán que se basa en la imagen de la consistencia

del atole, el cual puede dejar posos o asientos en

su base; se utiliza con el mismo sentido de “No le

muevas al arroz, aunque se pegue”, que aconseja no

buscar dificultades al querer saber más sobre un

asunto.

120- Si con atolito el enfermo va sanando, atolito vámosle

dando (Pérez, 2002:350).

El refrán expresa que no debemos cambiar de conducta

cuando con ésta alcanzamos éxito.

121- Correrle a uno atole por las venas (Pérez, 2002:

122).

122- Contigo la milpa es rancho y el atole champurrao

(Pérez, 2002: 121).

Con esta muestra, podemos observar cómo la tradición

ha validado como verdaderas algunas normas en

las que prevalece el buen servicio y la alimentación como

necesidad y como placer. La comunidad lingüística ha

creado, consolidado y transmitido de generación en generación

estos valores, atribuyéndoles además el peso de

verdades incuestionables, de verdades que, a través de la

vox populi, expresan la vox Dei.

Nuestra rica cultura se sirve y se apuntala en estos

“pequeños” soportes de los refranes, los cuales no sólo

nos hacen sentir que pertenecemos a una comunidad y

a una tradición, sino que dan cuenta de valores fundamentales,

de la variedad y riqueza de nuestros productos

y platillos, de nuestra manera de realizar las cosas, de

nuestro rechazo a prácticas no hospitalarias y de lo que

aportamos con orgullo a otras culturas.

FUENTES DE CONSULTA

Correas, Gonzalo ([1627] 2000). Vocabulario de refranes

y frases proverbiales, ed. Louis Combet. Madrid: Castalia.

Cantera Ortiz De Urbina, Jesús (1996). “Supervivencia

y triunfo del refrán en las letras españolas al llegar la

edad moderna”, en Paremia, 5, pp. 23-30.

De Jaime Gómez, José y De Jaime Lorén, José María

(1995). “Autocrítica paremiológica. Los refranes españoles

enjuiciados por el refranero”, en Paremia, 4, pp.

117-125.

García-Page, Mario (1993). “Texto paremiológico y discurso

poético (el ejemplo de Gloria Fuentes)”, en Paremia,

1, pp. 45-54.

García Romero, Fernando (1999). “Sobre la etimología de

‘paroimia’”, en Paremia, 8, pp. 219-223.

Johansson, Patrick (2004). Machiotlahtolli. La palabra

modelo. Dichos y refranes de los antiguos nahuas. México:

McGraw-Hill.

Mieder, Wolfgang (1994). “Consideraciones generales

acerca de la naturaleza del proverbio”, en Paremia, 3,

pp. 17-26.

Pérez Martínez, Herón (2002). Los refranes del hablar

mexicano en el siglo XX. México: CONACULTA / El

Colegio de Michoacán.

(2004). Refranero mexicano. México:

Academia Mexicana / FCE.

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