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9 mayo, 2011 / esdaiposgrados

EDUCACIÓN, DERECHOS HUMANOS Y POLÍTICA EDUCATIVA EN MÉXICO

 

María Teresa Pavía López

DEFINICIONES

 

La Filosofía de la educación es una disciplina que puede

prestarse a equívocos a causa de su objeto material: la

educación, de manera que puede confundirse con historia

de la pedagogía, o bien, con el análisis de las distintas teorías

pedagógicas. Puesto que el principio de la demostración

es la definición,1 podemos definir a la Filosofía de la

Educación como la disciplina filosófica que reflexiona en

torno a la realidad educativa.

Dado el desarrollo de la ciencia, de la técnica y de

la difusión de conocimientos a través de los medios electrónicos

de comunicación, la sociedad contemporánea

plantea la necesidad de establecer con precisión qué es la

educación, cuáles son los medios para que ésta se lleve a

cabo, cuáles son las ciencias que intervienen en este proceso,

cuáles son sus límites, qué problemas resuelven, cuál es

su finalidad, etc. Estos temas son precisamente la razón de

ser de la Filosofía de la educación.

Al ser una reflexión filosófica tiene una sólida fundamentación

ontológica,2 así como una íntima relación con la

antropología filosófica, la ética, la lógica y la teodicea.

De igual manera, para abordar los problemas que nos

plantea la Filosofía de la educación, es indispensable un

trabajo interdisciplinario con otras ciencias tales como: la

biología, la psicología, la pedagogía, la sociología, la economía,

la política y la historia.

Por lo que toca a la educación, coincido con la definición

de Víctor García Hoz, que dice que es el “desarrollo

intencional de las facultades específicamente humanas”3.

En efecto, sólo el ser humano es sujeto de educación.

La educación es un proceso de perfeccionamiento de

las facultades humanas que encierra una riqueza enorme

de matices, talentos, habilidades y aprendizajes, y requiere

de la intencionalidad para poder alcanzar el óptimo desarrollo

de la persona en cada etapa de su vida.

 

CAUSAS ÚLTIMAS DE LA EDUCACIÓN

Si, como se afirmó anteriormente, la educación es un proceso

sumamente complejo, en el que interviene una gran

cantidad de factores individuales, familiares, sociales, políticos,

económicos, etcétera, entonces, para realizar un análisis

completo de dicho proceso, es indispensable conocer

las causas últimas que lo producen.

En sentido amplio, la causa material, es decir, el sujeto

de la educación, es el ser humano incluyendo su realidad

corpórea. Así, v. gr., se educa al niño pequeño en el control

de esfínteres, ya que esto implica un aprendizaje; asimismo,

en ciertas profesiones deben educarse los sentidos externos,

como el ojo, en el diseño gráfico; el oído, en la música; el

desarrollo muscular, el control del aparato respiratorio, y la

fuerza, en el deporte profesional.

En sentido propio –la causa material próxima-, el proceso

educativo se dirige al perfeccionamiento de aquello

que nos hace ser específicamente humanos, a saber, la inteligencia

y la voluntad.

Por lo tanto, plantear la causa formal de la educación

es dirigirnos al problema de la esencia misma de la educación,

o sea al proceso de perfeccionamiento antes mencionado,

a la adquisición de virtudes intelectuales y morales, a

la educación y control de las emociones, al paulatino desarrollo

de la libertad y de la responsabilidad que implica; en

síntesis, al desarrollo óptimo de la personalidad.

Y, al referirnos a la causa eficiente,4 tenemos que referirnos

al tema de la intencionalidad del proceso educativo,

¿quién propicia este proceso? La respuesta es multifactorial:

los padres en primer término, la familia, los maestros,

la escuela, el sujeto mismo, la internet, los mass media, la

sociedad, el Estado, la Iglesia.

Así, la causa final como causa de las causas, se orienta

al desarrollo pleno de la persona en su totalidad, en su unidad

substancial, al desarrollo de una personalidad sana y

madura que busque su bien personal y el bien común para

poder alcanzar la felicidad “hasta donde pueden serlo los

hombres”.

LA PERSONA COMO SUJETO DE LA

EDUCACIÓN Y COMO SUJETO DE DERECHOS

Concepto de persona

Ontológicamente el ser humano6 es una unidad substancial

de cuerpo y alma, con capacidades cognoscitivas y

apetitivas tanto sensibles como intelectuales.7 El hombre

es también un ser-en-relación8 (con la naturaleza, consigo

mismo, con otros9 y con Dios).1

La educación permite a la persona humana irse moldeando,

construyendo, plenificando cada vez más, pues va actualizando

sus potencialidades y desarrollando habilidades

que lo hacen ser mejor.

Así pues, se puede apreciar que el proceso educativo

debe contemplar a la persona en su verdadera entidad, en

su unidad substancial tomando en cuenta sus necesidades

materiales y espirituales, comprendiéndolo en el seno de una

familia, en su realidad social y económica, en sus relaciones

con la naturaleza, en su momento histórico y en una doble

dimensión: natural y sobrenatural.11 Sólo así podremos encarar

los nuevos retos educativos que plantea el siglo XXI.

Por su entidad racional, el ser humano es el ser más perfecto

de la naturaleza,12 de donde resulta una dignidad única

en el nivel más alto de perfección ontológica. Dicha dignidad

es la bondad intrínseca de su ser personal, de su naturaleza

espiritual: racional y volitiva. Lo cual lo hace un ser consciente

y libre, único sujeto de moralidad y de educación.

Hasta aquí la tradición griega, que va a ser enriquecida

con la tradición judeocristiana, lo cual nos permite además

comprender mejor la dignidad humana en cuanto que somos

“imagen de Dios”.

DERECHOS HUMANOS

La semejanza de la entidad humana respecto de la divina

reside justamente en las facultades espirituales, ello da al

ser humano la capacidad de autodeterminación, de donde

se deriva el poseer derechos y obligaciones:

El hombre está sujeto a ciertas necesidades materiales a las

que ha de atender para mantenerse en la existencia. Igual que

el animal, el hombre siente estas necesidades y, de un modo

instintivo, tiende a satisfacerlas […]. Pero en oposición al

animal, el hombre no se mueve únicamente por la fuerza

natural de los instintos. Así por ejemplo, no solamente podemos

sentir hambre, y en virtud el instinto de conservación

buscar el alimento necesario, sino que somos también capaces

de entender que tenemos el “deber” de alimentarnos.15

Tenemos necesidades materiales y morales. Las obligaciones

naturales engendran derechos naturales o derechos

humanos, de donde se sigue que estos derechos son

innatos, inalienables y universales, no pueden ser convencionales

o positivos y, mucho menos, son privilegios otorgados

como gratuidad del Estado.

MÉXICO: POLÍTICA EDUCATIVA Y REALIDAD

En nuestra Constitución el artículo 3º señala16 -como bien

sabemos- que todo individuo tiene derecho a la educación,

 Artículo 3o. Todo individuo tiene derecho a recibir educación.

El Estado -federación, estados, Distrito Federal y municipios-, impartirá

educación preescolar, primaria y secundaria. La educación preescolar,

primaria y la secundaria conforman la educación básica obligatoria.

La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente

todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la

Patria y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y

en la justicia.

I. Garantizada por el artículo 24 la libertad de creencias, dicha educación

será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina

religiosa;

II. El criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados

del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las

servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.

Además:

a) Será democrático, considerando a la democracia no solamente como

una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida

fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del

pueblo;

b) Será nacional, en cuanto -sin hostilidades ni exclusivismos- atenderá a

la comprensión de nuestros problemas, al aprovechamiento de nuestros

recursos, a la defensa de nuestra independencia política, al aseguramiento

de nuestra independencia económica y a la continuidad y acrecentamiento

de nuestra cultura, y

c) Contribuirá a la mejor convivencia humana, tanto por los elementos

que aporte a fin de robustecer en el educando, junto con el aprecio para la

dignidad de la persona y la integridad de la familia, la convicción del interés

general de la sociedad, cuanto por el cuidado que ponga en sustentar los

ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos los hombres, evitando

los privilegios de razas, de religión, de grupos, de sexos o de individuos;

III. Para dar pleno cumplimiento a lo dispuesto en el segundo párrafo y en

la fracción II, el Ejecutivo Federal determinará los planes y programas

de estudio de la educación preescolar, primaria, secundaria y normal

para toda la República. Para tales efectos, el Ejecutivo Federal considerará

la opinión de los gobiernos de las entidades federativas y del Distrito Federal,

así como de los diversos sectores sociales involucrados en la educación, en

los términos que la ley señale.

IV. Toda la educación que el Estado imparta será gratuita;

V. Además de impartir la educación preescolar, primaria y secundaria

señaladas en el primer párrafo, el Estado promoverá y atenderá todos

los tipos y modalidades educativos -incluyendo la educación inicial y a la

educación superior- necesarios para el desarrollo de la nación, apoyará la

investigación científica y tecnológica, y alentará el fortalecimiento y difusión

de nuestra cultura.

VI. Los particulares podrán impartir educación en todos sus tipos

y modalidades. En los términos que establezca la ley, el Estado otorgará

y retirará el reconocimiento de validez oficial a los estudios que se realicen

en planteles particulares. En el caso de la educación preescolar, primaria,

secundaria y normal, los particulares deberán:

a) Impartir la educación con apego a los mismos fines y criterios que

establecen el segundo párrafo y la fracción II, así como cumplir los planes y

programas a que se refiere la fracción III, y

b) Obtener previamente, en cada caso, la autorización expresa del poder

público, en los términos que establezca la ley;

Por otro lado, “El Plan Nacional de Desarrollo 2007- 2012

establece una estrategia clara y viable para avanzar en la

transformación de México sobre bases sólidas, realistas y,

sobre todo, responsables.17 Este Plan asume como premisa

básica la búsqueda del Desarrollo Humano Sustentable;

esto es, del proceso permanente de ampliación de capacidades

y libertades que permita a todos los mexicanos tener

una vida digna sin comprometer el patrimonio de las generaciones

futuras”. 18

El plan de educación está contenido en el “Eje 3”:

Igualdad de oportunidades. En el 3.3 se habla de Transformación

educativa. Aquí se hace un balance de la propuesta de política

social integral con efectos a mediano y largo plazo que

busca: 1° articular programas y acciones de gobierno y 2°

promover la coordinación y participación de gobierno y

sociedad.

1° La política social, cuyo fin es lograr el desarrollo

humano y el bienestar por medio de la igualdad de oportunidades,

debe ir de la mano de la política económica, para

generar más empleos y elevar los ingresos.

2° Coordinación de los gobiernos federal, estatales y

municipales. Sólo así se lograrán avances en salud, educación

y superación de la pobreza. Para esto el principal

instrumento es el gasto público.

No obstante, no puede negarse que existen graves rezagos

en el sistema educativo nacional:19

• Falta de oportunidades para acceder a educación

de calidad y avances tecnológicos

• Desvinculación entre educación media y superior y

el sistema productivo

• Bajo desempeño en las pruebas internacionales a nivel

primaria y secundaria en lectura, español y matemáticas

• Diferencias en desempeño en escuelas públicas y privadas,

urbanas y rurales, telesecundarias y educación

indígena

• Escasa matrícula en educación superior

– Rezago e ineficiencia en niveles previos

– Pobreza de las familias

– Deficiencias institucionales de educación superior

° Trabajan por debajo de su capacidad

° Demanda muy concentrada20

– No hay evaluaciones sistemáticas en educación superior21

A este respecto, es indispensable señalar que alcanzar

los niveles más altos de escolaridad no garantiza la incorporación

al mundo laboral a causa de la desvinculación

entre educación superior y mercado laboral. Además, hay

desconfianza en que los años invertidos en estudio mejoren

las oportunidades de éxito y se traduzcan en aumento

significativo de ingresos. Los jóvenes tienen necesidad de

obtener recursos económicos desde temprana edad y no

hay programas que faciliten la posibilidad de estudio-trabajo

entre los 15 y los 29 años, de ahí el abandono escolar,

sobre todo de varones.

Por consiguiente, el rezago educativo de la juventud

impide el avance en crecimiento económico y superación

de la pobreza. Todo esto implica una falta de apego a la legalidad,

lo cual, sabemos, ha derivado en graves problemas

sociales como la corrupción y la delincuencia organizada.

Otros problemas son:

Las deplorables condiciones de la infraestructura

educativa 22

La severas deficiencias en educación indígena23

Los problemas de organización, tales como: falta

de mecanismos de control jerárquico, burocracia,

insuficiente impulso a mejorar calidad de trabajo y

vida de maestros, directivos y auxiliares

La preponderancia de los aspectos administrativos

sobre los factores de aprovechamiento académico,

entre otros.

Por lo que respecta al factor económico, en 2006 se

gastó en educación 622.4 millones de pesos, equivalente

al 7.1% del PIB, de ellos, el 90% fue a gasto corriente y

sólo el 10% a inversión. Lo que representa muy poco para

las necesidades de cambio cualitativo del sistema educativo

nacional. Las implicaciones son significativas puesto

que esta situación impide alcanzar altos niveles de calidad

para dotar a niños y jóvenes de una formación sólida para

su desempeño en el trabajo, para una plena participación

social y política, y para su propia realización personal.

Todos estos problemas derivan en un desaliento generalizado

de maestros en regiones tales como Guanajuato,

Sinaloa y Jalisco respecto de la situación de sus alumnos,

tanto en áreas urbanas como rurales, pues la máxima aspiración

de los jóvenes no es terminar su preparación básica

o incluso de preparatoria –mucho menos tienen planes

para asistir a la universidad-, sino que pretenden irse “al

otro lado”, igual que sus padres o tíos, o bien ser narcotraficantes.

Esto corrobora, en cierta medida, por un lado, la

falta de apego a la legalidad y por otra, quizás, las consecuencias

de haber eliminado la materia de civismo.24

Como contraparte a esta problemática, el Plan Nacional

de Desarrollo “(…) contempla una profunda transformación

educativa mediante la cual los mexicanos de hoy

tomen en sus manos el destino de la nación y consigan

para las generaciones futuras la realización de un México

que alcanza lo que se propone”.25

Dicha transformación educativa se plantea como

radical buscando la mejora material y profesional de los

maestros, el logro de aprendizajes, el fortalecimiento de

la capacidad de decisión de las escuelas, y todo ello con la

cooperación de padres de familia y alumnos.

Este plan contempla seis objetivos con sus correspondientes

estrategias:26

Elevar la calidad educativa

Reducir las desigualdades regionales, de género y entre

grupos sociales en las oportunidades educativas

Impulsar el desarrollo y utilización de nuevas tecnologías

en el sistema educativo, para apoyar la inserción

de los estudiantes en la sociedad y ampliar sus

capacidades para la vida

Promover la educación integral de las personas en

todo el sistema educativo

Fortalecer el acceso y la permanencia en el sistema

de enseñanza media superior, brindando una educación

de calidad orientada al desarrollo de competencias

Ampliar la cobertura, favorecer la equidad y mejorar

la calidad y pertinencia de la educación superior

JUICIOS Y CUESTIONAMIENTOS DESDE LA

FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN

La perfección ontológica dota entitativamente a los seres

humanos de una dignidad única que tiene ciertas implicaciones:

en primer término, como únicos sujetos de racionalidad

y voluntad, somos capaces de dirigirnos a la verdad y

al bien; razón por la cual somos seres sujetos de moralidad,

nos proponemos distintos fines y buscamos ser felices.

La realización de nuestro ser depende en cierta medida

de nuestra conducta, que puede ser virtuosa o viciosa.

Es precisamente a través de nuestra conciencia que vamos

descubriendo nuestro valor intrínseco, y por ello nos acercamos

al conocimiento de los derechos y obligaciones que,

como seres racionales y libres, tenemos; pero no sólo en

cuanto a nosotros mismos, sino también en relación con

los otros seres humanos, con la naturaleza, e incluso con

Dios.

Luego, estos derechos se presentan como inviolables,

universales e inalienables. Uno de esos derechos es el de

la educación, que conlleva ciertas obligaciones como por

ejemplo el estudio, las aportaciones culturales, el compartir

los avances científicos, tecnológicos y artísticos,

entre otros aspectos. Y todo ello para que la sociedad en

su conjunto alcance valores tales como la justicia, la paz

y, en general, el bien común, entendido éste como el bien

de todos y de cada uno de los miembros de la comunidad

humana.

Por consiguiente, es obvia la trascendencia de los procesos

educativos de cada sociedad y a lo largo de la historia.

La educación nos ha permitido como seres humanos el

progreso tanto material como espiritual.

Ahora bien, cabe preguntarnos ¿Es la política educativa

congruente con los fines que plantea nuestra Carta

Magna y con los compromisos que, en el ámbito de los

derechos humanos, México ha adquirido en los foros internacionales?

Desde la perspectiva de la Filosofía de la Educación,

llama la atención a lo largo del análisis de la actual política

educativa una visión casi clásica de la antropología: que, al

hacer mención del término persona o personas, hace mucho

hincapié en la educación integral, insistiendo en el concepto

de formación, que es un concepto más amplio pues

abarca el desarrollo de la inteligencia, la voluntad, la afectividad,

la sensibilidad.27 Nunca aparece el término instrucción

que es un término reduccionista, pues sólo se refiere al

desarrollo intelectual.

También se señala repetidamente la importancia del

papel que juega la familia como núcleo central de la sociedad

y del propio desarrollo educativo. A aquélla se le

considera también fuertemente comprometida con las au-

toridades escolares y maestros; de hecho muchos de los

programas como “escuela de calidad”, “escuela segura”, “programa

construye T (desarrolla tu proyecto de vida)”, contemplan la

acción de los padres de familia.

El tema de la escuela -desde las instalaciones escolares

hasta los programas educativos, el proceso enseñanza aprendizaje,

la relación entre maestro y alumno, la calidad

educativa, el aumento de nivel de vida de los maestros, los

programas de profesionalización de docentes, las nuevas

tecnologías, bibliotecas, programas de becas, exámenes

internacionales, capacitación para el trabajo, construcción

de nuevas universidades acordes a las necesidades del país,

eficiencia terminal y la necesidad de vinculación entre programas

y mercado laboral- está orientado, en el documento

de referencia, al servicio de la persona.

El eje 3.3 del Plan Nacional de Desarrollo no sólo

plantea como indispensable para el pleno avance del país

la necesidad del trabajo conjunto de gobierno y sociedad

y de vinculación de los tres poderes, así como de los distintos

niveles de gobierno (federal, estatal, municipal)

y de incluir las acciones sociales tanto de instituciones

como de ciudadanos; sino que, también, al relacionar la

educación y la cuestión social, menciona la importancia

de la solidaridad, la justicia, la paz, y, como fin último,

el bien común, todos estos, temas clásicos de la doctrina

social de la Iglesia.28

A través de este análisis queda clara la congruencia de

la política educativa con el art. 3° de nuestra Constitución,

así como con los compromisos que México ha contraído

en la firma de acuerdos internacionales tanto de derechos

humanos, como de los derechos de los niños. Ha habido

grandes avances respecto a la situación laboral de los niños,

de sus derechos a la salud, a la información, en contra

de la pornografía infantil, atención a discapacitados, etcétera.

Sin embargo, dadas las injusticias que el propio sistema

neoliberal implica,29 aunado a los grandes rezagos

educativos mencionados, falta mucho camino por reco-

rrer; lo que queda de manifiesto en el propio Plan Nacional

de Desarrollo, que plantea sus metas a mediano

y largo plazo, pues está enmarcado en la Visión México

2030.30

Un tema muy delicado que, en pro de la democracia y

al derecho a la información se maneja anfibológicamente,

es el de la educación sexual. De éste derivan dos cuestionamientos:

¿es aceptable que los programas en primaria y los

libros de texto gratuito que se reparten a lo largo y ancho

del país, establezcan una “educación sexual” muchas veces

opuesta, o al menos indiferente a los principios morales de

la familia y de la comunidad a las que pertenece el alumno,

con el argumento de la educación integral para los educandos?

¿puede el Estado establecer programas de “educación

sexual”, cuando ésta le corresponde por derecho propio a

los padres de familia?

La sexualidad inserta en la realidad corpórea, goza no

sólo de la misma dignidad humana, sino también del hecho

de ser educable. La entidad sexual humana no es sólo una

realidad instintiva dirigida a la perpetuación de la especie,

sino que está orientada a formar parte de la plenitud de

vida de la persona, de la manifestación del amor conyugal

y la formación de una nueva familia.

La familia es el lugar privilegiado de los aprendizajes

más importantes para la vida: el amor (de ahí el drama so-

cial de los “niños en situación de calle”), las virtudes, los

principios de acción que van a regir toda nuestra conducta,

nuestras aspiraciones, el proyecto de vida; en síntesis, el sano

desarrollo de la personalidad.

De manera que si los padres son los primeros educadores

de la persona a través de su ejemplo cotidiano y de

sus enseñanzas morales, son ellos a los que, por derecho

propio, corresponde la educación sexual; pues ésta forma

parte del conjunto de enseñanzas de los principios universales

de conducta que se van transmitiendo de una generación

a otra. Podría argumentarse, sin embargo, que aun

quedando la educación sexual a cargo de los padres, éstos

podrían recibir la ayuda del Estado, si no contaran con

los recursos suficientes para realizar cabalmente esa tarea,

como pasa con otras áreas de la educación.

A esto se puede responder bajo la perspectiva del principio

de subsidiariedad:

“Aplicando este principio a la misión del Estado, podemos

señalar que la labor de éste consistirá en:

a) Dejar hacer lo que los ciudadanos y sociedades inferiores

pueden realizar eficazmente por sí mismos en orden

al bien común.

b) Ayudar a hacer lo que los ciudadanos y sociedades

inferiores pueden realizar sólo imperfectamente en orden

al bien común.

c) Hacer por sí sólo aquello que los ciudadanos y

sociedades inferiores son incapaces de realizar en forma

eficiente, en orden al bien común, o que resulta un riesgo

para el bien común el que dichas actividades estén en

manos privadas”.31

Reflexionemos en cada inciso:

a) La familia como sociedad inferior al Estado es

autónoma para la procreación y educación moral de sus

hijos, pero no lo es para la totalidad del proceso educativo.

b) Desgraciadamente en México los propios rezagos

en el desarrollo económico y educativo y el avance de los

medios electrónicos de comunicación, sitúan a la familia

en una realidad vulnerable, por lo que requiere la ayuda del

Estado.

El grado de ignorancia de una enorme cantidad de

familias en México les impide cumplir cabalmente con esta

tarea, de manera que podría afirmarse que los “programas

de educación sexual” oficiales son una ayuda a las familias

por parte del Estado en orden al bien común.

Lo cual no resuelve el problema pues dichos programas

podrían no coincidir -como de hecho sucede-, o ser

opuestos o al menos indiferentes a los principios morales

de la familia y de la comunidad a las que pertenece el alumno.

Entonces, ¿comete el Estado un atropello a los derechos

humanos que señala el Art. 26 de la Declaración

Universal de los Derechos Humanos32 respecto al derecho

a la educación que afirma que los padres pueden

elegir el tipo de educación que desean para sus hijos? o

bien, de acuerdo al inciso c), antes planteado,: ¿debido a

que algunas familias son incapaces de realizar en forma

eficiente, en orden al bien común, dicha tarea, es labor

del Estado realizarla, cumpliendo así con el principio de

subsidiariedad?

A lo anterior podemos responder que la familia,

como institución fundamental de la sociedad, es autónoma

en cierto sentido, de manera que sólo ella puede

decidir el tipo de educación que dará a sus hijos. Sin embargo,

no todas las familias están en condiciones de hacerlo,

e incluso algunas soslayan esta tarea específica de

la educación sexual, sin ningún cuestionamiento a los

propios programas –sea por ignorancia, por decisión o

por comodidad-. Luego, el Estado debe proporcionarla.

Pero ¿son los programas actuales de educación sexual

adecuados para un sano desarrollo de la personalidad de

los educandos?

En este sentido, es necesario distinguir entre educación

sexual e instrucción sexual que, al no definirse claramente,

se confunden; lo que da lugar a situaciones inadecuadas

para el propio desarrollo de la persona, sobre todo

en los jóvenes.

La verdadera educación sexual está relacionada con

una visión antropológica de unidad substancial de cuerpo

y alma, y con la dignidad que ésta conlleva. La instrucción

sexual está más cerca de una mera información que disocia

la unidad humana para dirigirse sólo a la genitalidad

y al placer que conlleva, separándolo de las finalidades

esenciales de la sexualidad humana: el compromiso de la

institución matrimonial, la expresión del amor conyugal,

la procreación, la formación de la familia, e incluso, la

formación de la personalidad de cada uno de sus miembros.

Esta disociación ha impactado grandemente, en especial

a los jóvenes, a causa de la influencia de los medios

de comunicación, de campañas de “sexo seguro” y de los

intereses económicos de la propia sociedad de consumo,

lo que implica graves problemas sociales: promiscuidad,

alcoholismo, drogadicción, enfermedades de transmisión

sexual, embarazos a temprana edad, madres solteras, embarazos

no deseados, abortos, desórdenes sexuales, problemas

que alejan a la sociedad del bien común y que

podrían enfrentarse a través de una auténtica educación

sexual.

Los programas oficiales de educación sexual vigentes,

desgraciadamente están más cerca de una mera instrucción

sexual, más que de una verdadera educación sexual.

De nuevo volvemos al inicio. No toda familia en México

tiene igualdad de oportunidades y no todas son lo suficientemente

autónomas para decidir el tipo de educación

que desean para sus hijos. Mientras esto permanezca, el

Estado otorgará los programas que crea convenientes para

alcanzar los fines que se ha propuesto en el propio Plan

Nacional de Desarrollo.

Sin embargo, dicha opción no es la respuesta óptima,

hay muchas cosas que deben cambiar y muchas preguntas

por resolver, a continuación se señalan algunas:

Puesto que no se ha analizado suficientemente el

impacto de la información recibida por internet

en el proceso educativo, ¿cuáles son los límites

del derecho a la información de niños y jóvenes?,

o, más claramente, ¿en qué consiste realmente

el derecho de los niños y jóvenes a la información?

¿Qué análisis se puede hacer respecto del derecho

de los padres a obtener para sus hijos la educación

religiosa acorde a sus valores familiares y

respecto del papel del Estado en la protección de

este derecho?

¿Cómo compaginar el derecho de las comunidades

indígenas a preservar su propia cultura con

el derecho de sus niños y jóvenes a ser integrados

a la modernidad?

 

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html/menu3/b/25_sp.htm

http://www.unhchr.ch/spanish/data_sp.htm

http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/1.pdf

http://pnd.presidencia.gob.mx/

http://pnd.calderon.presidencia.gob.mx/igualdad-deoportunidades.

html

http://pnd.calderon.presidencia.gob.mx/pdf/PrimerInformeEjecucion/

3_3.pdf

http://pnd.calderon.presidencia.gob.mx/pdf/SegundoInformeEjecucion/

3_3.pdf

http://www.vision2030.gob.mx/

http://www.vision2030.gob.mx/pdf/indicadores/Indicador3.

pdf

http://redie.uabc.mx/vol6no2/contenido-latapi.html

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One Comment

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  1. josemiguelsr / Oct 7 2014 7:57 PM

    Reblogueó esto en ventisca de palabrasy comentado:
    Interesante artículo sobre educación y derechos humanos en México.

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